Para recordar a quien vivirá por siempre en la tinta de sus palabras y en las sensaciones que nos regaló. Gracias Don Mario.
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El Perseguidor, es una de las obras más impactantes que he leído y muy probablemente la que me terminó de enamorar de la literatura del gran Julio Cortázar. En El Perseguidor, Cortázar refleja su afición por el jazz, creando una analogía magistral entre su estilo narrativo (la sintaxis del lenguaje) y el estilo libre de ese género musical. De esta manera trastoca la linealidad del tiempo narrativo como en el jazz se altera la percepción del tiempo y del ritmo. Para Cortázar siempre ha sido una constante el analizar diferentes modos de percibir la realidad, siendo aquí la música su lupa para observar este fenómeno con delicadeza de orfebre. Cortázar se inspira en un saxofonista real como Charlie Parker, enmascarado en el cuento como Johnny Carter, quien se encuentra obsesionado con el tiempo y su transcurrir enloquecido que inexplicablemente establece un ordenamiento del mundo en una secuencia aleatoria de acontecimientos. El protagonista es un crítico musical amante del jazz, quien ha publicado una biografía de Johnny Carter que, por cierto, no ha cubierto las expectativas de éste porque no refleja aquello que el músico tanto persigue.
Abriendo una nueva que podríamos llamar Trips Literarios (pendiente logo y esas cosas ópticas que tanto nos gustan), qué mejor inicio que presentarles ¡Que viva la música!, una novela del escritor caleño Andrés Caicedo, en la que el autor logra destacarse novedosamente dentro de la literatura colombianana de los años setenta. A través de ¡Que viva la música!, Caicedo retrata una cruda y devastadora realidad, que sumerge al lector en las andanzas, aventuras y desventuras de María del Cármen Huerta, una muchacha hija de un fotógrafo de la alta sociedad de Cali que deja la vida común a la que esta acostumbrada, para meterse en el mundo de la rumba, la música y las drogas. La novela está dividida en dos partes, la primera definida por la música rock y la vida de la clase alta caleña, y la segunda marcada por la música Salsa y el descenso a los barrios bajos de Cali. Este libro lo tenía en la biblioteca desde hacía unos años pero me llamó la atención hasta tiempo después de escuchar el disco de Ray Barreto: ¡Que viva la música!. Particularmente no me gusta recomendar literatura por dos motivos básicos: el primero, no soy lector de novelas y el segundo, los libros son otro tema. Pero el disco de Barreto si que puedo recomendarlo absolutamente. La historia que narra Caicedo está plagada de música, particularmente Salsa y a veces hay que saber mucho del tema para reconocer algunas frases musicales que impregnan todo el texto. No fue un libro que particularmente me haya gustado (de hecho, no pude terminar de leerlo tras varios motivos), pero hasta el punto donde leí me gustó el tema musical que siempre está presente, no así el tema de la vida que propone. Dejo al lector interesado su descubrimiento, el libro completo en formato Word. Mientras tanto, acá: ¡Que viva la música!